¡DEJA DE JUZGARTE!

¿Te han dicho eso alguna vez? O mejor aún ¿te has dicho tú eso alguna vez? Suena a frase hecha, lo sé. Sin embargo, esa frase hecha encierra mucha más profundidad que la que tres simples palabras puedan aparentar.

Es entendible, y no digo necesario, pero se entiende que intentemos ser la mejor versión de nosotros mismos, que estemos empeñados en crecer, en aprender, en desarrollarnos cada día. También es comprensible que queramos mostrar nuestro lado de chocolate, nuestras luces y no nuestras sombras. Muchos motivadores nos recuerdan que no estamos en competencia con nadie salvo con nosotros mismos y que hoy tenemos que ser mejor que ayer, y mañana mejor que hoy, que tenemos que vibrar alto. Algunos de nosotros incluso queremos hacer “lo correcto, correctamente, siempre”.

Sí, se entiende, pero hay un problema con esas buenas intenciones, se nos olvida que somos humanos y no perfectos. Se nos olvida que nuestra perfección, paradójicamente, radica en nuestra imperfección.

¿Qué pasa cuando eso se nos olvida? Nos convertimos en los más implacables jueces de nosotros mismos. ¿Te ha pasado?

A mí sí. Por ejemplo, yo intento vivir mi vida del modo más consciente que me es posible hoy por hoy. Leo, llevo cursos, aprendo, cuido mi salud física, mental y emocional. Desde hace 11 años empecé a descubrir los fundamentos de la perspectiva que nos dice que las enfermedades son expresiones físicas de desbalances emocionales no resueltos o no expresados. Voy muy atenta a eso. Me ufano de mis buenísimos resultados médicos desde que, hace casi una década empecé a hacerme los controles médicos anuales. Siempre bromeo con los respectivos médicos diciéndoles que los resultados de mis análisis de sangre mostrarán que estoy “más sana que un dios griego”. Un chascarrillo que siempre funciona.

¿Y por qué me juzgo? Como mencionaba en el ensayo anterior, el alergólogo me pidió un análisis de sangre, el normal y uno específico para las alergias. Ayer me dieron los resultados. El normal salió fantástico como siempre, no hay un solo valor que se salga de la norma.  Hasta ahí todo muy bien. Pero el análisis específico para las alergias fue un gran golpe. No digo sorpresa, porque desde que tengo conciencia de mí misma he sido alérgica y de chica fue muy asmática hasta el día que dejé la casa de mis padres. Ese día se me acabó el asma, después de 25 años, media vida. Pero los resultados del análisis fueron un golpe que me cayó muy mal y me empecé a crucificar a mí misma diciéndome que cómo es posible ser tan alérgica, si yo sé que las alergias son expresiones de desbalances emocionales y yo cuido tanto mi cuerpo y mis emociones. Me empecé a ofuscar y fustigar al punto de generar un nudo en la garganta que terminó en lágrimas. Estaba aturdida, me preguntaba: qué estoy haciendo mal y por qué. Me reprochaba que cómo es posible que con 50 años aun no haya eliminado las alergias de mi vida.

Casualmente hoy (y según se dice por ahí, las casualidades no existen) después de hacer mis ejercicios diarios (sigo a un francés en YouTube para ese fin) apareció un video corto de una psicóloga mexicana que me gusta mucho. Una de las tesis que ella planteaba era precisamente esa, que la mayoría de nosotros tendemos a juzgarnos y nos hacemos mucho daño con eso. Me consta y sé por experiencia propia que ni siquiera somos justos con nosotros mismos, somos implacables, nos vemos hasta la última falla, no nos perdonamos el más mínimo error y encima, rumiamos ese juicio sobre nosotros mismos una y otra vez y además en distintas versiones y colores. Recuerdo alguna vez que incluso días después yo seguía repitiendo en mi cabeza alguna conversación laboral que -según el juez implacable dentro mío- podría haber hecho mejor y la repetía mil veces y pensaba mil distintas variantes de cómo hubiera podido llevar esa conversación mejor. Y ni siquiera es que la conversación haya ido mal en la vida real, pero el implacable juez en mi cabeza decía que lo podía haber hecho mejor.

Eso me recuerda otro episodio de cuando era escolar y en las “vacaciones útiles” (eso es hoy en día discutible, porque las vacaciones son para vacacionar no para seguir teniendo clases fuera del colegio, otras épocas) llevando clases de inglés avanzado, un profesor anotó en mi examen “Not bad. Bad for you” y tenía 90 de 100 puntos. Creo que experiencias como esa alimentaron las creencias de mi juez interior que todo tiene que ser “perfecto” porque aunque sea muy bueno, si no es perfecto es “bad for me”.

La frase de la sicóloga mexicana: “deja de juzgarte” me caló hondo. Ella propone que nos aceptemos en lugar de andarnos juzgando. Y eso, la verdad, me devolvió la paz mental. Y es cierto, no siempre vamos a vibrar alto, no siempre nos parecerá lo que hacemos la mejor opción. La buena noticia es que siempre podemos cambiar de dirección y decidir diferente. Si la decisión que tomamos hoy nos hace pasar por tristezas, rabias, dudas, desesperanza, está bien, no debemos fustigarnos por eso. Tomaremos esa “mala” decisión hasta que no la tomemos más. Todo tiene un sentido y un propósito. Aceptemos las emociones en su momento, todas. Todas son válidas, se vale tener dudas, se vale no saber, se vale sentir rabia o tristeza. Ser conscientes de eso nos quita un peso de encima, el de intentar, consciente o inconscientemente, querer ser perfectos.

Ya dejé de renegar por tener unos valores de Inmunoglobulina E (anticuerpos protéicos en la sangre) que están por los cielos y me llenan de alergias respiratorias. Ya dejé de fustigarme por no encontrar la raíz emocional que me desencadena las alergias tan fuertes al polen (y de haberme mudado al campo…). Un amigo me dijo que deje de andar buscando respuestas, que ya llegarán. Y es verdad. Recordé volver a fluir y a aceptar.

¿Y tú, ya dejaste de juzgarte?

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2 comentarios en “¡DEJA DE JUZGARTE!”

  1. Muy buena reflexión, Ana María. Aceptemos nuestro proceso. Todo es perfecto como es. Hay situaciones que nos ocasionan conflictos por que no podemos comprenderlos. Hay una frase de un curso de milagros , que me encanta y me ayuda en esos momentos „por encima de todo quiero ver‘. Las respuestas vendrán, de diferentes formas, dejando que la vida se encargue de eso. Te abrazo con el corazón.

    1. Ana María Núñez de Arzt

      Ohhh gracias, Dulcita! Así es, por ahora acepto que no es fácil aceptar lo que no nos gusta. Pasar de ser quien hacía que las todas las cosas sucedan a alguien que acepta que la vida seguirá su curso y ya, no siempre es simple. A veces quisiera entenderlo todo, para poder aceptar, pero aceptar sin comprender, sin respuestas, me resulta aun difícil, bueno no siempre, solo en algunos casos muy específicos 🙂 . Te abrazo con el corazón también amiga querida!

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