CREENCIAS LIMITANTES Y EMPODERANTES (parte 2)

Una vez que hemos logrado ser conscientes de que estamos rodeados por creencias limitantes que nos invadieron desde que nacimos, la pregunta obvia es ¿y qué se puede hacer?  Sabemos que en la mayoría de los casos esas creencias nos fueron transmitidas con las mejores de las intenciones, pero lamentablemente esas buenas intenciones estaban gobernadas por el MIEDO. Por el miedo de que te “mate” ser curioso, o miedo de que pierdas el pájaro en la mano por ir detrás de los cientos que vuelan o miedo de que lo bueno por venir no sea mejor que lo malo que ya tienes. He puesto miedo, así con mayúsculas porque hoy por hoy hay miedo por todas partes. Está de moda tener miedo. Se ha hecho normal y de buen gusto tener miedo.  Una verdadera lástima. 

Recuerdo la letra de una canción ¿o era de un poema? No recuerdo, pero decía: el éxito está al otro lado del miedo. ¿Y cómo se logra estar al otro lado del miedo? En base a tus creencias empoderantes. De esas nos han dado pocas, si acaso alguna. Pero no importa porque esas nos las podemos dar nosotros mismos, nunca es tarde. De hecho, el ejercicio mental va de reemplazar cuanta creencia limitante encuentres en tu cabeza por una creencia empoderante. Es que así funcionamos, no es fácil quitarnos cosas de la cabeza por quitar y ya. Nuestro cerebro detecta ese vacío y lo vuelve a llenar con lo que ya conoce, a no ser, que le des un reemplazo, algo con que tapar el hueco que dejaste, entonces lo toma -con mayor o menor facilidad, dependiendo de cuan arraigada estaba la creencia que quieres reemplazar- y así empieza el proceso de transformación que te lleva más allá de tus miedos.

Suena fácil, ¿verdad? No lo es para todos por igual. Y no lo es simplemente porque no estamos acostumbrados a hacerlo. Nadie nos explicó que el proceso es simple. ¿No te gusta el lugar en el que te encuentras (física, mental o emocionalmente)? Pues, muévete, ¡que no eres árbol!  Y en este momento que lees este impulso, tus creencias limitantes o empoderantes, determinarán qué sientes, qué piensas y cómo reaccionas a ese impulso. Algunos pensarán: ¡es verdad! Y se pondrán a revisar mentalmente si les gusta el trabajo que tienen, la pareja con la que están actualmente o la ciudad en la que viven. Y por allí empieza la semillita del cambio. Cuestión de regarla y nutrirla y los cambios se darán y estarás tarde o temprano en los lugares que quieres estar. Otros sentirán esa primera reacción de “¡es verdad!” pero antes de que se den cuenta les asaltarán los miedos de siempre y les dirán: si, bueno, es verdad que no te gusta el trabajo que tienes hace más de diez años, pero es seguro y con eso llegas al fin de mes, después de todo no es “tan” malo; es cierto que ni te apasiona ni te deja crecer como persona, pero al menos tienes un trabajo… y tu cerebro te recuerda tu creencia limitante de toda la vida de “más vale pájaro en mano que cientos volando” y zas!  Te quedas donde estás por miedo. O alguno pensará: es verdad que yo preferiría vivir al lado del mar, de hecho, es mi sueño, amo el mar, siempre quise vivir allí… y cuando te lo estás pensando, ¡zas! Te agarran otra vez las creencias limitantes y los miedos que te dicen que no eres capaz, que no arriesgues, que la curiosidad mató al gato y demás cuentos que nos contaron alguna vez y que ahora nosotros mismos perpetuamos en nuestras cabezas. ¿No es eso horrible, no estar donde queremos por puro miedo?

¿Se puede cambiar? Claro que se puede cambiar. Es cuestión de atreverse A PESAR de los miedos. No se trata de no sentir miedo. Sentir miedo nos ha dado una ventaja evolutiva de supervivencia, el miedo nos hace reaccionar y salir huyendo antes de que el tigre diente de sable nos haga pedazos. Pero ese es el miedo que nos motiva a movernos. El otro miedo, el que nos paraliza, ese nos mata en vida y sin ningún tigre alrededor. ¿De qué depende cómo reaccionemos al miedo? De nuestras creencias. Si nos limitan no nos moveremos y nos comerán o los tigres de verdad o los metafóricos. Si nos empoderan saldremos corriendo, nos pondremos a salvo y nos moveremos a vivir la vida que queremos vivir y no la que creemos que “nos tocó”. Es que está en nuestras manos. Conozco a muchísimas personas que son la prueba viviente de que eso funciona así. De que la valentía es atreverse a pesar de los miedos. Yo misma soy una evidencia viviente de esa premisa.

Uno de los ejercicios que aprendí es preguntarte: qué es lo peor que puede pasar. Hazte esa pregunta en serio y ahí verás aparecer uno a uno todos los miedos que te limitan, si es que los tienes. Con esto no te estoy animando a que te tires a las fauces del tigre diente de sable, sino a que te preguntes en serio qué es lo peor que puede pasar, por ejemplo, si renuncias al trabajo ese que detestas en la empresa esa que te pone mal cada día de solo pensar que tienes que ir allí. Obviamente como dijimos antes, tienes que darle un reemplazo a tu cerebro. Tienes que preguntarte también qué es lo que amas hacer, qué es lo que te apasiona.  Es simple. Haz lo que amas hacer, lo que te hace esperar con ilusión que amanezca para que puedas salir corriendo a hacer lo que sea que hagas porque te gusta, porque te apasiona, porque te hace sentir vivo, porque lo disfrutas y te trae logros y satisfacciones. Si no haces lo que amas hacer, entonces ¿por qué lo haces? ¿Qué creencias te impiden vivir la vida que realmente quieres? Cuéntanos en los comentarios, prometo que te leeré y contestaré.  

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