HAY QUE SACARLO TODO AFUERA – EN MEMORIA DE DIEGO BERTIE Y FILIP

La verdad, tenía ya otro tema para el ensayo de esta semana, pero no puedo dejar de escribir lo que me nace al enterarme del fallecimiento de Diego Bertie.

Diego fue un actor y cantante peruano, para mí, un artista sumamente talentoso. Tenía solo 54 años, estaba en la flor de la vida. Además de ser un hombre magníficamente guapo (si me preguntan, el hombre más guapo que vio nacer aquella tierra) fue un actor de teatro impresionante, un señor actorazo. Lo que más recuerdo de su actuación, fue una interpretación sublime de Segismundo en una puesta en escena de la obra de Calderón de la Barca, La vida es sueño, en 1994. De hecho, esa interpretación con alma, corazón y vida no solo me emocionó muchísimo, sino que, desde esa vez, supe cómo se nota cuando la gente hace las cosas con pasión y da todo de sí. Recuerdo que me daban ganas de subir corriendo al escenario a consolar al pobre Segismundo. Fue también guitarrista y voz principal del grupo Imágenes, un grupo rockero de las épocas ochenteras que fundó en sus años universitarios, grupo al que recuerdo mucho porque en 1987 fueron teloneros del grupo español, Hombres G, el primer concierto de mi vida. Lo recuerdo como si fuera ayer, recuerdo especialmente las canciones, Los buenos tiempos y Caras nuevas. Típicas canciones de mis épocas preadolescentes. No aporta mucho decirlo, pero es verdad que yo vivía enamorada de Diego Bertie, como probablemente todas las demás chicas de mi edad en la Lima de los 80. Desde que me fui de Perú, a finales de los 90, le perdí el rastro hasta anteayer que me comunicaron su muerte.

Este ensayo no lo escribo solo porque falleció alguien a quien yo admiraba mucho, de quien estuve platónicamente enamorada en mi adolescencia y a quien consideraba el hombre más guapo de mi país. Este ensayo lo escribo por la triste y trágica ironía de que su último videoclip publicado en marzo de este año haya sido precisamente su interpretación de la canción del gran Piero, Soy pan, soy paz, soy más. Lo encuentro triste, irónico y trágico por las especulaciones de que en su caso se trata de suicidio.

Permítanme citar unas líneas del coro de la canción de Piero: “Vamos, decime, contame todo lo que a vos te está pasando ahora, porque si no, cuando está tu alma sola, llora. Hay que sacarlo todo afuera, como la primavera. Nadie quiere que adentro algo se muera. Hablar mirándose a los ojos, sacar lo que se pueda afuera, para que adentro nazcan cosas nuevas”.

Preferiría creer que se trata “solamente” de un muy trágico accidente. Al día de hoy aún se especula que pueda haber sido suicidio porque no sería el primer caso en su familia. Un amigo me escribe, “no hay nada que hacer, son los genes”. ¡Alto!  No es así, los genes nos pueden marcar cierta predisposición a una infinidad de cosas, pero una predisposición genética es solamente eso, una predisposición, nada más y nada menos, pero con seguridad NO es una sentencia, NO es una profecía que se tiene que cumplir.

Digo que es una ironía que él haya producido un hermoso videoclip de esa canción porque precisamente en ésta se dice, se advierte, se avisa, se recomienda que saquemos, que contemos lo que nos pasa, porque si no el alma se siente sola y llora. Que hay que sacarlo todo afuera para que no nos muramos por dentro. ¡Ay, Diego! ¡Diego querido y admirado por millones!

Hace solo tres días, el cuatro de agosto, hubiese cumplido 65 años mi amigo Filip. Pero no los cumplió, se suicidó a los 59 años, dejándonos a todos perplejos. Filip era un hombre de mundo, guapo, muy viajado, hablaba no sé cuántos idiomas, por lo menos cuatro, culto, muy artista, muy disfrutador, muy divertido… hacia afuera. Es verdad que en las conversaciones en los meses antes de su fallecimiento se sentía algo. Mucho pesimismo. Sé que llevaba temas de infancia muy duros a cuestas, como el abuso sexual de parte de los curas de su colegio. Sé también que se enfrentaba con temor y rabia al desempleo, pese a su admirable carrera en hotelería. Coincidencia es también que precisamente, en un intento de animarlo un poco, aunque él no confesara tristeza alguna, le envié por chat esa misma canción de Piero que cantó Diego Bertie como obra final, pero interpretada por la grandísima Mercedes Sosa.

Me consta que la cultura machista, al menos aquella con la que nos educaban en los 70s, no perjudica solo a las mujeres, sino también y tal vez en igual medida, aunque con otros rasgos, a los hombres. A los hombres de mi generación les dijeron que “los hombres no lloran”. Da igual si su alma se siente sola o no, si lo necesitan o no. Les dijeron que los hombres no expresan sentimientos y que los hombres “no andan contando sus cosas”, que “los hombres son fuertes”. ¿No les llaman así, el «sexo fuerte»? ¡Vaya mierda! La mitad de la población castrada en lo más profundo del alma.

La gestión de emociones implica en primer lugar ser capaz de sentir esas emociones, de identificarlas y vivirlas para poder gestionarlas. ¿Cómo vas a gestionar algo que te niegas a sentir? Algo que llevas por dentro, pero lo escondes. A las mujeres sí nos “permiten” llorar, lo que no es sorpresa ya que nos tildan de “sexo débil”. ¡Otra mierda!

Y hablando de esconder, hay muchos closets en los que la gente está metida. El de la homosexualidad es el más común, del que más se habla. Diego comentó este año pública y libremente su homosexualidad. En un país tan homofóbico como el Perú, ese debe haber sido un hueso difícil de roer.

Solo me queda desear desde el fondo del alma, que Diego no haya vivido una vida atormentada por nada y que, al menos ahora, pueda ser él la PAZ a la que le canta.

#diegobertie #diegobertie_fan #soypansoypazsoymas #iconos #peru #latinoamerica #idolo

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.