CREENCIAS LIMITANTES Y EMPODERANTES (Parte 1)

Recuerdo una frase atribuida a Rudyard Kipling que dice “Si crees que estás vencido lo estás. Si piensas que no te atreves, no lo harás. Si piensas que te gustaría ganar pero que no puedes, no lo lograrás”.  Admito que las primeras veces que la oí probablemente ni atención le presté y ahora, décadas más tarde es imposible no reconocer la simple verdad de esa afirmación y es que todo está en y empieza con nuestras creencias.

Hace algunas semanas participaba en una conferencia del magnífico Dr. Mario Alonso Puig, si no saben quién es, les recomiendo investigar un poco su obra, prometo que valdrá el esfuerzo.  Durante su conferencia en la sala repleta del cine Capitol de Madrid nos hacía reflexionar sobre algunas frases super comunes y conocidas por todo hispanohablante. Por ejemplo, aquella que nos dice que “la curiosidad mató al gato” o que “más vale pájaro en mano que cientos volando” o la aún mucho más destructiva “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

He tenido la suerte de ser siempre cuestionadora de los lugares comunes y esas frases aceptadas como verdades que se transmiten por tradición de una generación a la otra, nunca las tomé por tal. Fui feliz creciendo con la seguridad de que la curiosidad no mató a ningún gato, que un pájaro es menos que cientos del mismo tipo y que si es malo es malo y no importa si lo conoces de toda la vida o no, siempre puede haber algo mejor. Cuando el Dr. Puig nos hacía reflexionar sobre esas frases yo sonreía en silencio porque en la audiencia se oían las exclamaciones y las risas de admiración de los presentes que -tal vez por primera vez- caían en cuenta de que vivimos limitándonos inconscientemente a cada momento.

“La curiosidad mató al gato” nos dice de modo muy directo: “ni se te ocurra ser curioso, que eso te va a matar”. ¿En serio? Me parece de locos que en tan pocas palabras nos castremos desde la tierna infancia esa magnífica capacidad, innata además al ser humano, de ser curioso, de querer saber, de investigar. ¿Se imaginan si todos los grandes inventores y descubridores de la historia se hubieran creído esa frase? Seguiríamos en la edad de piedra. La curiosidad que tienen los niños es lo que los lleva a descubrir el mundo y a aprender. La curiosidad científica es la que nos ha traído los avances que nos posibilitan tener la vida confortable que es posible hoy en día. Pero esa frasecita que la oímos hasta en la sopa nos alienta a “no correr el riesgo” de preguntar, de investigar, de indagar, de descubrir.  Por lo demás como madre de dos hijos gatos puedo decir que la curiosidad no los mata.

La frase que me causó mayor rechazo al oírla en la reflexión que hacía el Dr. Puig fue la terriblemente infame “Más vale malo conocido que bueno por conocer”. ¿Qué cosa? ¿En serio? Vamos, que eso es casi como para indignarse. Esa frase la oíamos hasta de nuestras abuelitas que con seguridad lo decían con la mejor de sus intenciones sin darse cuenta de la programación neurolingüística constante a la que nos sometían.  Los mensajes negativos de esta frase son tantos que se me salen de las mil palabras. Por eso nos concentramos en dos.  Primer mensaje: confórmate con lo que conoces/eres/sabes/tienes/haces etc. Es decir, te están diciendo que no eres merecedor ni eres capaz de ser mejor o más de lo que ya concoes/eres/sabes/tienes/haces. ¡Menuda infamia! Y el segundo mensaje es no confíes en el futuro, no confíes en lo que puedas conocer, que no vayas a creer que el futuro o lo desconocido trae algo bueno. El segundo mensaje nos pinta las cosas en negativo, en “no vale la pena” (y esta es otra frasecita de marras que habría que descuartizar).  Con seguridad la intención de nuestras abuelas no era mala, lamentablemente el efecto va desconectado de la intención. El efecto de esas frases condicionantes de manera limitante es realmente siniestro. Poco a poco, pero de modo constante y continuo se van quedando grabadas en nuestros cerebros. Nos “creemos” realmente de manera no consciente que la vida es así, que las cosas son así. Esas creencias se establecen de modo muy firme en nuestra mente y condicionan luego nuestra actitud y respuesta a estímulos externos. La emoción, sentimiento, pensamientos y modo de actuar se generan en nosotros bajo el filtro de esas creencias.

Le cuentas a un amigo que quieres investigar cómo va eso de las criptomonedas porque te interesaría saber. Y con la mejor de sus intenciones (desconectadas del efecto) te dice que no te olvides “que la curiosidad mato al gato”, o sea que no investigues mucho, que puede ser peligroso y mortal. Y como tú llevas toda la vida oyendo esa frasecita sin cuestionarla realmente, pues coincides que sí, que sería una tontería investigar, después te puedes meter en lío que, si no te matan, te pueden llevar a la bancarrota.

Tienes la opción de pasarte a una universidad que está mejor en el ranking universitario para terminar allí tus estudios, pero tus amigos cercanos te recuerdan que “más vale malo conocido que bueno por conocer”, que es verdad que la universidad en la que estudias no tiene buena reputación, de hecho, los docentes no son los mejor calificados y los laboratorios carecen de la última tecnología, pero que ya sabes cómo son las cosas allí y cómo te vas a cambiar a una universidad nueva donde no conoces a nadie, que no sabes cómo será por más buenas que sean las calificaciones que acredita y la reputación que le antecede. Y como lo que te dicen tus amigos coincide con esa idea subconsciente que oíste toda la vida, pues sí, qué absurdo, mejor quedarse con lo malo conocido.

¿Cuántas veces ese tipo de creencias limitantes, de las que no siempre somos conscientes, nos pusieron piedras en el camino? ¿Cierto? ¡Te reto a pensarlo!

2 comentarios en “CREENCIAS LIMITANTES Y EMPODERANTES (Parte 1)”

  1. soy una abuela de 75 años y la verdad es que esas frases siempre las tomé en otro sentido,por ejemplo si alguien quería averiguar más sobre un cotilleo, decía un cuidado la curiosidad mató al gato, bromeando con mi marido le decía , ni modo mejor malo conocido que buenonpor conocer, tal vez fui ingenua en no profundizar sobre estas frases

    1. Ana María Núñez de Arzt

      Hola Anna Lis, muchas gracias por tu comentario. Claro que todos somos ingenuos. Hace algunas décadas los efectos de la progamación neurolinguística no eran vox populi. Tú lo decías con seguridad con tu mejor intención, como lo hacía mi abuela también. No llevan culpa de nada. Hacían lo mejor que podían con lo que sabían en ese momento. Ahora que ya lo sabemos mejor, podemos hacerlo mejor. Un saludo!

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