TU FELICIDAD DEPENDE DE TI (Parte 2)

Vuelvo a la frase del Dr. Puig de la primera parte del ensayo: “La felicidad es el resultado de conectar con lo que somos”.  Esa frase me resuena muchísimo. Me resuena porque no dice que tienes que encontrar, mucho menos buscar, sino reconectar. Así lo entiendo yo también. Está todo dentro nuestro, pero parece que se nos ha olvidado, nos hemos distraído y hemos desconectado con nuestro yo interior, con la felicidad inherente a nuestro ser.

Lo sé, además, porque cuando pasé por un episodio de “burn out” en febrero del 2016 fue justamente eso lo que descubrí, que todas las respuestas y todas las preguntas están dentro nuestro, que solo tenemos que reconectar con nuestro yo interior. Imagino que para algunos aquello de “reconectar con tu yo interior” suena a abracadabra, a magia vudú, a psico-tonterías o a puro esoterismo. Pero no. En realidad, es algo tan simple, pero para algunos tan difícil de imaginar.  “Solamente” se trata de volver a ser conscientes de que toda la sabiduría que necesitamos, así como nuestra propia felicidad están dentro nuestro. No hacen falta gurús, ni dioses, ni profetas. A veces lo único que falta es un pequeño chispazo, que puede ser un libro, una frase oída o leída por ahí o alguna situación, propia o ajena, que nos fuerza a reflexionar y finalmente a reconectar con nosotros mismos.

En mi caso fue la sicóloga la que me dijo que me vaya a recostar en silencio, sin distracciones de ningún tipo, ni libros, ni periódicos, ni música, ni televisión, muchos menos teléfonos o computadoras. Dijo que en el silencio total y absoluto las preguntas vendrían solas y las respuestas también.

Del burn out fui consciente el día que empecé a llorar en medio de una reunión. Sentí como uno a uno todos los cajones de mi cerebro (mi cerebro es muy estructurado) se empezaron a cerrar. No pude procesar lo que me decían, dejé de entender y empecé a llorar. Y seguí llorando horas después y dos días más. Recuerdo que mi marido, muy preocupado, me preguntaba que por qué lloraba y yo no sabía. Me preguntaba también por qué no dejaba de llorar y la respuesta era porque simplemente no podía. Era como si no fuese yo quien lloraba, sino que “me lloraba por dentro”, me sucedía el llanto más allá de mi yo consciente.

Cuando la sicóloga me dijo aquello como gran solución, yo pensé que me estaba tomando el pelo, yo ahí llorando sin saber por qué, ni poder parar y ella me da como única solución que me vaya a echar en absoluto silencio para desconectar de todo. Le hice caso. Tuvo razón, mucha razón.

Mientras estaba echada en silencio total en mi sillón, de pronto empecé a llorar y lloraba y lloraba y en algún momento, no sé cuánto tiempo pasó, empecé a hacerme a mí misma preguntas y en algún momento empezaron también a formularse las respuestas. ¡Vaya sorpresa! Todo aquel llanto no tenía que ver con las cosas que yo creía, causas externas como la demora en la entrega del departamento combinada con el hecho de que ya habíamos vendido la casa y teníamos que entregarla, ni con el estrés en el trabajo que me estaba empezando a generar al tener que viajar de un continente a otro y llegar el sábado solo a cambiar maleta para volver a salir disparada. No. Esos solo fueron pequeños detonantes que cumplieron su cometido, hacer que mi yo de adentro explote.

Resultó que el llanto era mucho más antiguo y fundamental que eso. Una de las causas de ese llanto fue que cuando me fui con 25 años a Alemania a triunfar, estaba tan concentrada y enfocada en mis metas desde el primer día, que nunca me di tiempo de hacer un duelo por todo lo que había dejado atrás. Y otra causa, aún más profunda, fue el darme cuenta de que desde muy pequeña yo me la había pasado siendo la mujer maravilla, tan guerrera que, según yo, todo el mundo esperaba que yo fuera, incluyéndome a mí misma. Para poder cumplir con las expectativas que ese rol conlleva tuve que hacer gala de toda la energía masculina que fluía en mí, como ya expliqué en los dos primeros ensayos. La consecuencia de eso es que estaba negando sin querer y sin saber, mi otra mitad, mi energía femenina, estaba en desbalance. Esas fueron las sabias preguntas y respuestas que salieron de mí. No me las dio nadie más, nadie me las hubiera podido dar tampoco, porque estaba todo DENTRO de mí.

Por eso concuerdo tanto con esa frase del Dr. Puig, porque fue a raíz de esa reconexión conmigo misma, con mi yo interior y profundo que descubrí la felicidad que se experimenta en el proceso de volver al balance con uno mismo. Esa es la felicidad de la que hablan tantos expertos actualmente, la felicidad de ser uno mismo, la felicidad que no está en nada externo, la que no hay que ir a buscar, ni encontrar, ni construir, está ahí, está dentro de nosotros.

Finalmente se trata solo de des-cubrir quienes realmente somos para vivir la vida que realmente queremos vivir y no más la vida que “se supone” que debemos vivir. Dejar de ser y vivir de acuerdo con lo que creemos que otros esperan de nosotros y vivir y ser como realmente somos. Para eso tenemos que reconectar con nosotros mismos. Por todo lo que he aprendido en diversas formas, por mis propias experiencias y las de otros, defiendo el postulado que dice que la clave del camino a la felicidad está en reconectar con quienes realmente somos. No digo que sea fácil, sobre todo porque muchas veces confundimos “estar cómodos” con “ser felices”. De la comodidad no aprendió nunca nadie. Y tú, ¿sabes cómo reconectar contigo mismo? ¿Has logrado alguna vez estar realmente desconectado de TODO lo externo para poder escuchar tu voz interior? ¿Qué preguntas te hiciste? ¿Qué respuestas surgieron?

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